En menos de cuatro días volverás a entrar en un quirófano, y aunque eres tan pequeñita, llevas dentro una fuerza que muchas veces los mayores no alcanzamos a comprender. Como padre, mi corazón está encogido y mis ojos guardan en silencio esta procesión de sentimientos, esta cruz que camino contigo, como nuestro Padre Jesús Nazareno al que cada Martes Santo adoramos con fe y devoción. Pero incluso entre el miedo y la pena, jamás pierdo la esperanza, porque sé que Dios camina a tu lado.
Le pido cada noche a nuestra Madre de Dios, a la Virgen del Rocío, que aparezca en tu camino, que te abrace con su manto sagrado y te regale serenidad, valentía y luz. Que el Espíritu Santo repose sobre ti y llene de paz cada rincón de ese hospital. Y sé, hija mía, que nuestro Señor Jesús estará sosteniendo tu mano cuando llegue el momento.
También siento tranquilidad al pensar que desde el cielo tus bisabuelos te cuidan y te iluminan cada día. Estoy seguro de que la bisabuela Dulce te mira orgullosa, porque tú has heredado esa fuerza inmensa que jamás se rinde. Igual que ella luchó hasta el último aliento, tú estás demostrando ser una auténtica campeona. Los genes Jiménez laten con fuerza dentro de ti, mi niña.
Tu capacidad de superación es un orgullo para mí. A veces te miro y siento admiración no solo como padre, sino también como hombre. Tan pequeña… y al mismo tiempo tan gigante. Tú me enseñas cada día lo que significa la valentía verdadera.
Papá intenta ser fuerte, aunque la verdad es que nunca podrá serlo tanto como tú. Mis ojos callan muchas lágrimas para que tú siempre encuentres en mí refugio, calma y esperanza. Y aunque la cuenta atrás avanza despacio, también avanza nuestra fe, porque sabemos que no estamos solos.
La Virgen del Rocío, la madre que te protege desde que naciste, seguirá bendiciéndote. Ella nunca nos ha abandonado en los días difíciles y tampoco lo hará ahora. Por eso seguiré rezando sin descanso, poniendo cada miedo y cada lágrima a sus pies.
Mi princesa, cuando todo esto pase volverás a sonreír con esa luz tan tuya, y nosotros volveremos a respirar tranquilos. Hasta entonces, caminaré contigo cada segundo, sosteniendo tu mano con el alma.
Te quiero más de lo que las palabras pueden explicar.
Aqui tú padre 😘

Comentarios
Publicar un comentario