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Mostrando entradas de diciembre, 2025

Homenaje a mi Abuelo Miguel

Hoy, como cada 2 de diciembre desde hace catorce años, mi corazón vuelve a ese instante en que mi Abuelo Miguel se durmió suavemente en el descanso eterno. No fue un adiós brusco ni frío, no fue una despedida solitaria ni silenciosa. Dios lo llamó a su lado tal y como él deseaba: en su casa, en su hogar, rodeado de amor, después de cenar, y arropado por los brazos de una de sus nietas más pequeñas. Fue un final digno de un hombre que vivió con bondad, con serenidad y con la nobleza que caracterizan a los seres humanos excepcionales. Un final humilde, íntimo y lleno de luz, porque así era él: un corazón bueno que incluso en su último aliento transmitió paz. Hoy vuelvo a recordarlo, como lo hago cada día, y los recuerdos no son simples imágenes: son vida, son raíces, son la historia de quién soy. Desde el día en que nací —lejos de nuestra tierra aceitunera, pero jamás lejos de su amor— él y mi abuela Dulce no tuvieron dudas: allá por 1986, sin importar distancias ni dificultades, viajaro...